No llames parásito a un parasitólogo

En 1971 los Shocking Blue cantaban aquello de “no te cases con un ferroviario”, que no es mal consejo, pero yo les añado otro que es mejor; No les toquen los cojones a un parasitólogo, no vaya a ser que meta lombrices en tu comida.

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La entrada de hoy trae necesariamente un disclaimer, con el que Retroterapias advierte del contenido desagradable y asqueroso de la entrada, con lo que quedan advertidos aquellos lectores de estomago y asco delicados.

1970, Quebec, Canadá, y cinco estudiantes de medicina comparten un apartamento. Ya sabrán como es esto, que si “hoy friegas tu”, “quien se ha comido los tuppers que trajo mi madre?” “Donde están los tripis que dejé ayer aquí?” (estamos en 1970 no se olviden), y sobre todo “Eric, paga el alquiler de una puta vez o te echamos…”

Y es que Eric Kranz, estudiante de postgrado de parasitología, cumplía con sus obligaciones monetarias con respecto al alquiler; tarde, mal y nunca. Sus compañeros, le acusaron de parásito (que curioso…) y le dieron el ultimatum durante una bronca que se debió oír fuera del cantón. Eric les maldijo y les anunció su propósito de envenenarles con larvas de los parásitos más chungos que encontrara. La respuestas de los compañeros fue: “Que te pires, Eric”.

Bueno, pues una semana después, Richard Davis, William Butler, David Fisk y Keith Fern (los 4 individuos amenazados), son hospitalizados y Kranz detenido y acusado de intento de asesinato cuádruple. Los jóvenes estudiantes sufren de una infestación de Ascaris suumes decir lombrices intestinales de cerdo (aunque aún no está claro si es la misma especie que las que sufrimos los humanos). Se calcula que el cabrón de Kranz les puso varios cientos de miles!! de huevos del bicho en cuestión.

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Consecuencias? pues, no es que les picase el culo, es que no podían respirar debido a que los gusanitos campaban por sus pulmones, dos de los afectados casi se mueren… Les cuento: cuando se ingiere un huevo de lombriz, los jugos gástricos hacen que se abra, las larvas entran en el torrente sanguíneo y viajan hastael higado, y después de unos días van a los pulmones, donde se mezclan con las secreciones mucosas, y una vez que el huésped tose y se traga el gargajo, vuelven al estomago convertidos en lombrices que viajarán  por los intestinos, que una vez defecados iniciaran el proceso de nuevo.

En el juicio no se pudo probar que la inoculación fuese causada por un acto premeditado o accidental, por lo que Kranz salió absuelto, y sus colegas sanaron.

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Oigan que ricos los gusanitos ¿no?

Referencias:

· Discovery Magazine

·Beaver Country Times

La selección musical es triste (ya lo sé), pero es que no se me ocurría otra que  contuviera gusanos y tracto digestivo…

Ya saben: ¿Por qué ya no me baila un gusano en la tripa?…

 


 

 

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