John R. Brinkley: Implantes de Testículos de Cabra y radios piratas

John Brinkley era un tipo observador, y durante el tiempo en el que trabajó en una fábrica de carne de cabra procesada, se dio cuenta de que los machos cabríos tenían un vigor sexual envidiable por cualquier humano del medio oriente de los USA, y cuando uno de sus pacientes le consultó acerca de su impotencia, le dijo medio socarrón: “A usted lo que le haría falta es que yo le pusiera los cojones de un chivo“, a lo que el Redneck le contestó; “Pongamelos, Doc, pongamelos“. Era 1917 y a aquel fulano le sajaron el escroto y le metieron los huevos de un cabrón dentro…

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Y, claro, todos pensamos; “estos yanquis y sus chifladuras”, pero es que Brinkley tuvo antecedentes europeos: Charles-Édouard Brown-Séquard, fisiólogo francés, había conmocionado a la comunidad médica mediante la auto-inyección de puré de testículos aplastados de perros jóvenes y cobayas. Serge Voronoff, un médico francés, ya estaba implantando tejido testicular de mono en humanos (práctica que durante un tiempo fue sospecha de haber sido la causa de la aparición del SIDA).

Y así comienza la historia de un tipo que se hacia llamar doctor, aunque había comprado su diploma de médico en la Eclectic Medical University of Kansas City, Missouri por 500 $, y estuvieron muy bien amortizados, porque posteriormente se hizo millonario implantando las gónadas de los chivos a montones de paletos (50 a la semana) que le entregaban 750 $ por xenoimplante, cuyos beneficios además de aumentar la libido, curaban desde los nervios a la tos, pasando por el enfisema o las flatulencias, y es fácil engañar a los hillbillies de la zona, pero es que hasta el dueño de Los Angeles Times se sometió a la intervención.

Estas supuestas curaciones además eran divulgadas por una estación de radio que el propio Brinkley compró y desde la que recomendaba su nueva linea de fármacos (agua destilada y coloreada), que se comenzó a vender en 500 farmacias y que le reportaban 14.000 $ a la semana. El negocio de los implantes seguía y aumentaba la gama; por 5.000$ te podían poner testículos humanos, provenientes de presos ejecutados. 42 personas murieron en el quirófano de Brinkley.

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Hospital Brinkley en Little Rock, Arkansas

Cuando empezaron a llegar las denuncias y le prohibieron ejercer, contrató a médicos de verdad para continuar sus “tratamientos”, cuando le cerraron la radio, compró otra emisora en Ciudad Acuña (México) y emitía a 500.000 vatios (la radio que emitía con más potencia en el mundo) a través de la frontera. Hacia espectáculos multitudinarios el los que tocaba incluso la Familia Carter, Jhonny Cash cuenta que en estas emisiones es donde oyó por primera vez, la voz de una joven June Carter (10 años por aquella) quien muchos años más tarde fue su mujer, y Chet Atkins admitió que era un entusiasta de aquellas emisiones.

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Emisora XERA en México

La persecución por parte de las autoridades y la perdida de varios juicios hacen que la imaginación de Brinkley le lleve a presentarse como gobernador del estado de Kansas (y casi gana), pero en el año 1941 las indemnizaciones le llevan a la bancarrota absoluta, y un año más tarde moriría debido a un tromboembolismo.

Referencias:

 

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